"En ninguna parte alguien concedería que la ciencia y la poesía puedan estar unidas. Se olvidaron que la ciencia surgió de la poesía, y no tuvieron en cuenta que una oscilación del péndulo podría reunirlas beneficiosamente a las dos, a un nivel superior y para ventaja mutua"-Wolfgang Goethe-

miércoles, 31 de mayo de 2017

Acceso libre al Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla

La tesis doctoral era un documento que hace no muchos años quedaba condenado al más profundo y absurdo ostracismo. Es decir, tras escribirla, se la leían tus directores, tu novia, tu primo, cuatro amigos la ojeaban y los que iban a defender la suya después de ti la hojeaban para quedarse con ideas sobre el formato y presentación. Después de eso, se la leían los miembros del tribunal y... ya está. A lo mejor tus padres o hermanos hicieron el paripé cuando les dejaste una copia en el salón. Por suerte hoy día, el formato digital permite distribuir la tesis por todo el mundo, con sus virtudes y defectos. 

¿Por qué hablo de esto? Pues porque no salgo de mi asombro al leer una noticia sobre el mal trago que está pasando un biólogo colombiano porque en su tiempo de estudiante compartió un documento, una tesis de grado sobre  taxonomía de ranas. Se ve que el autor se molestó y lo denunció por violar derechos de autoría. Me asombra que alguien pueda molestarse porque difundan su trabajo, un trabajo que de otra forma quedaría reducido a un circulo muy pequeño de lectores que quizá ni se hayan molestado en buscarle utilidad. No obstante, aviso a navegantes, pedid permiso antes de compartir material no libre que esté por internet, pues la ley es la ley y el autor tiene derecho a demandar. Parece que en este caso, Diego Gómez, el biólogo de la noticia, ha salido absuelto. Pero los fiscales y el autor del trabajo insisten en llevarlo a prisión.

La Universidad de Sevilla hizo algo interesante hace ya mucho tiempo. Todas las tesis doctorales que se defienden de unos años  hacia acá se están publicando en formato digital, obteniendo el autor el ISBN para su obra. Y a los autores de tesis antiguas les solicitaron permiso para poder digitalizarlas. Esa base de datos ha ido creciendo y se ha incorporado al Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla, de acceso libre. 
Logotipo del idUS, Depósito de Investigación de la Universidad de Sevilla
 En este repositorio se pueden incluir tesis doctorales (ahora es requisito obligatorio para su defensa publicarla en abierto), tesis de máster y licenciatura con calificaciones de sobresaliente (a petición del alumno), artículos en revistas en abierto, y pre-impresiones (los llamados preprints) de publicaciones en revistas de régimen no abierto cuyas editoriales permitan esta forma de compartirlos en su página de derechos de Copyright. 

De esta forma, el conocimiento no queda cogiendo polvo en un estante de una biblioteca... hasta que haga falta sitio.

Aquí os dejo la producción del Departamento de Química Analítica

miércoles, 24 de mayo de 2017

Isabel Ovín Camps, Licenciada en Ciencias Químicas

Carmona es una ciudad de la provincia de Sevilla, desde que en el año 1630 le otorgase dicho título el rey Felipe IV, en la que resido actualmente y espero que por mucho tiempo. Ya llevo algunos años en ella y según mis papeles ya soy carmonense. Pues como carmonense y como químico, no quiero dejar pasar este año para hablarles de una ilustre mujer, natural de Carmona, que ejerció su labor como maestra en esta ciudad, Isabel Ovin Camps (1887-1972).  

Isabel Ovín Camps


El primer conocimiento que tuve sobre la figura de esta mujer fue una placa de  azulejos en la calle Santa Lucía. En ella está la sede de la Asociación de Mujeres "Isabel Ovín". Preguntando sobre quien era, me dijeron que una maestra que hubo en el pueblo y de hecho hay una calle Maestra Isabel Ovín Camps muy cerquita de donde vivo ahora. Entre los distintos cometidos de la asociación destaca su implicación por la difusión de la cultura mediante la convocatoria del Concurso Regional de Cuentos y Poesías "Isabel Ovín", que en 2016 contaba con su XXV edición. 

Sede de la asociación Isabel Ovín en calle Santa Lucía, 26A
Tampoco seguí mucho la pista, pues había muchas calles con nombres de maestras del pueblo, pero no sabía que esta iba a ser especial. En el año 2011 se celebraba el Año Internacional de la Química, coincidiendo con el centenario de la concesión del Premio Nobel en Química a  María Sklodowska Curie, y mi compañero, que también fue mi profesor, Fernando Romero Guzmán coordinó una publicación conmemorativa para esa fecha tan importante: 100 Preguntas, 100 Respuestas sobre Química. Entonces me habló, ya que conocía mi relación con Carmona, de Isabel Ovín, la primera mujer Licenciada en Ciencias Químicas de España en el año 1917. Una mención a ella aparece en el documento antes citado, en la pregunta con respuesta número 100 [1]. En junio de 2011,en el número 89 de la revista Químicos del Sur [2], se hace una descripción pormenorizada de cuando hizo su primer matrícula en 1913, culminando sus estudios en 1917. El 30 de julio de este año 2017 se cumplirá un siglo de la obtención de su título y por eso quería hacer este homenaje. 

En ese artículo  se mencionaba que quiso ir a Madrid a  cursar la Cátedra, pero su madre cayó enferma y se quedó en Carmona para cuidarla [2]. Y entonces se dedicó a la docencia. Se hizo maestra y en 1920 estuvo trabajando como profesora de Ciencias fisicoquímicas en el Colegio de Segunda Enseñanza  de Nuestra Señora de Gracia, sito en Carmona [3]. Y según la publicación de Químicos del Sur [2], llegó a dirigir el Instituto Murillo de Sevilla en 1941.

Anuncio aparecido en el diario independiente El Sol, número 859, Madrid, 1920 
Otra curiosidad es su dedicación a la política local, de acuerdo a un artículo aparecido en el diario ABC en mayo de 1979 [4]: "Isabel Ovín Camps fue concejal desde el 13 de mazo del año 1925 hasta el 26 de febrero de 1930, como podrá comprobarse en las actas capitulares de dicho periodo". En ese mismo artículo también se decía: "Isabel Ovín fue, tal vez, la primera licenciada en Ciencias Químicas que hubo en España, aunque dedicó toda su larga vida a la más modesta -y más hermosa- labor de maestra de escuela, como entonces se decía. Somos muchos los que guardamos un hondísimo amor y una gratitud imperecedera a la buena memoria de Isabel, ser excepcional adornada de las mejores prendas morales, y que hasta su muerte fue venerada por toda Carmona". Entre los alumnos destacados que tuvo cuenta el también carmonense, y Premio Principe de Asturias, Manuel Losada Villasante. Que dijo sobre ella que [2]: “sólo puedo decir que, después de dudar de si yo servía para estudiar, me hizo tan atractivas y comprensibles las ciencias, que jamás encontraría después en ellas antipatía ni obstáculo durante mi carrera”. Isabel Ovin recibió por su labor la Cruz de Alfonso X El Sabio en 1954.

El día 11 de mayo de 1972 aparece en el diario ABC una necrológica en la que reza [5]: 

ROGAD A DIOS EN CARIDAD
por el alma de la Iltma. Sra.
DOÑA ISABEL OVIN CAMPS
Licenciada en Ciencias Químicas, maestra nacional y Medalla
 de Alfonso X el Sabio
FALLECIO EN CARMONA EL DIA 10 DE MAYO DE 1972, A LOS OCHEN-
TA Y CINCO AÑOS DE EDAD, DESPUES DE RECIBIR LOS SANTOS SA-
CRAMENTOS Y LA BENDICION DE SU SANTIDAD
R.I.P.A.
El profesorado y alumnado del colegio nacional "Isabel Ovín"

Y sigue informando sobre el sepelio en la Iglesia prioral de Santa María y entierro en el Cementerio de San Teodomiro. Sus restos fueron trasladados al panteón de carmonenses ilustres de dicho cementerio en el año 2014 [6]

Ojalá fuese yo capaz de despertar en mis alumnos  la mitad de admiración que la maestra Dña. Isabel Ovín suscitó entre los suyos. Y hasta aquí mi pequeño homenaje a una mujer, que obviamente no conocí, pero que fue referente en su época y en su localidad, que ahora es la mía.

Referencias

[1] F. Romero (coordinador), 100 Preguntas, 100 Respuestas, Andalucía Innova, Especial Química, Junta de Andalucía, 2011, p. 39.
[2] Isabel Ovin Camps. La primera mujer que estudió y se licenció en Ciencias Químicas en toda España Químicos del Sur. Revista de los químicos de Andalucía y Extremadura, Ilustre Colegio Oficial de Químicos de Sevilla, 2011, 89,.22-23
[3] El Sol, núm. 859, Madrid, 24 de abril de 1920, Suplemento p. 14
[4] ABC, 26 de mayo de 1979, p. 19
[5] ABC, 11 de mayo de 1972, p. 67
[6] ABC, edición digital, 9 de octubre de 2014.

lunes, 22 de mayo de 2017

La verdad absoluta en Ciencia

"Tengo desde hace tiempo como máxima que, una vez has eliminado lo imposible, aquello que queda, por improbable que sea, tiene que ser la verdad"
Volvemos a la carga con otra cita de Sir Arthur Conan Doyle en boca del famoso detective Sherlock Holmes. En este caso la extraigo de la historia La aventura de la diadema de berilos, publicada en el libro de relatos del que ya hablé con anterioridad [1]. Esta historia se publicó en The Strand Magazine [2] en 1892, donde la cita original es "It is an old maxim of mine that when you have excluded the impossible, whatever remains, however improbable, must be the truth". Es decir, una vez eliminado lo imposible lo que queda tiene que ser la verdad, pero al no usar "have to be" sino "must be", implica que lo que se dice es decisión del que habla. Tiene que ser la verdad, porque lo digo yo. De todas formas, antes de imponer su verdad, Holmes indica que hay que eliminar lo imposible. Se atribuye a Lord Kelvin, allá por el 1900, la frase [3]: Ya no hay nada nuevo que descubrir en Física. Todo lo que queda es hacer medidas cada vez más precisas. Poco después la teoría de la relatividad de Einstein y el nacimiento de la Física Cuántica contradijeron a este eminente científico. Por eso no creo en verdades absolutas, hay que ser prudentes. 

Primera página de The adventure of the Beryl Coronet publicada por A. Conan Doyle en 1892 en The Strand Magazine. Ilustración de Sidney Paget. Digitalizado por Google.

Dicho esto, me van a perdonar que use esta cita para dar mi opinión sobre la inexistencia de la verdad absoluta en la ciencia. Verdad a veces impuesta, de forma inconsciente o consciente, por algún autodenominado gurú, o en su creencia, algún capo di tutti li capi. Para ello tendré que hablar desde mi experiencia personal respecto al proceso de publicación de trabajos científicos, citando algunos pecados, que no pecadores. No quiero hablar de la prepotencia de algunas personas en otros foros, porque prefiero dormir tranquilo. A ustedes siempre les queda la opción de contar su propia experiencia o contrarrestar mi opinión en algún comentario a esta entrada, desde el respeto, claro está. Les debe quedar claro que esta es mi opinión y seguramente, desde algún punto de vista, esté equivocado.

Antes de mi experiencia, un repaso a la realidad de científicos que realmente fueron importantes, con los que nunca podré compararme. Qué me dicen de Daniel Shechtman, Nobel de Química en 2011, al que incluso su jefe ridiculizaba por hablar de cuasicristales . O Ignaz Semmelweism, humillado por querer demostrar que un lavado de manos antes de examinar a los pacientes disminuye el riesgo de infección. El suicidio de Ludwig Boltmann se atribuye a una incomprensión y falta de aceptación de sus ideas. Darwin fue caricaturizado como un mono en la revisa satírica La petite Lune. De hecho, ¿sabéis de quien es la imagen que aparece en la etiqueta del Anís del Mono? Y podríamos buscar más ejemplos de luchas encarnizadas por culpa de la prepotencia de colegas o ideologías.

Etiqueta de Anís del Mono donde aparece un mono con la cara de Darwin


Uno de los comentarios mas hirientes que nos pueden hacer después de meses de trabajo es que lo que se intenta publicar no tiene relevancia científica, novedad o interés. Los editores suelen ser comedidos y automáticos, deben tener un botón en su intranet para enviar un mensaje tipo que dice que reciben muchos trabajos y que tiene que seleccionar solo un porcentaje de los mismos. Y es que las revistas científicas se mueven por modas y novedades, porque es la forma que tienen de alimentar su sistema. En Química Analítica se debe trabajar en metodologías novedosas de preparación de muestra, hibridación instrumental, aplicación de la nanotecnología, contaminantes emergentes, bioanálisis o técnicas "ómicas" (perdonen si olvidé algo). Si sales de ahí, y juegas a estudiar rutinariamente muestras, todo lo metodológico suele estar descrito y te piden que pruebes a publicar en otros campos como la Ciencia y Tecnología de los Alimentos o Ciencias Medioambientales. Pero no crean que eso da opción a publicar de forma sencilla, porque muchas revistas de estas áreas recurren fácilmente a la falta de novedad, dependiendo de la matriz de estudio o de las técnicas de análisis aplicadas. Pero bueno, son las políticas editoriales y debemos adaptarnos, buscando otra revista que nos acepte. En ese sentido tengo anécdotas en las que tuve que ir bajando el nivel (índice de impacto, en el cual no creo) y otras en las que al final el nivel incluso subió.

Lo que me molesta es cuando pasas el filtro del editor y es alguno de los revisores el que ni siquiera te indica algún cambio y despacha el trabajo con un "lack of novelty". Eso es vergonzoso y demuestra mucha falta de profesionalidad y respeto a los demás. Hay otros que se enfadan tanto con tu atrevimiento de enviar un trabajo a determinadas revistas, que deben ser coto privado de caza, que empiezan a listar errores hasta que te entran ganas de dejar el trabajo en un cajón y dedicarte a mirar las perdices por la ventana. No lo hagas.   Posiblemente muchas de sus críticas sean acertadas, pero la verdad en ciencia no es absoluta. Los científicos inamovibles, deben ser vencidos con razones imparables.

Tengo una colección de casos, más de los que aquí cito, que he sufrido en propias carnes. En uno de ellos, por culpa de una crítica feroz, con la recomendación de leerme una serie de trabajos que sospechosamente eran de un mismo autor, sobre la idoneidad de usar el método de mínimos cuadrados parciales (PLS) en vez de redes neuronales para regresión generalizada (GRNN), dejé de intentar publicar en revistas del primer cuartil (Q1) y me dediqué a revistas más modestas pero donde se me trató con mucha educación [4]. Es probable que el revisor tuviese razón, aunque el hecho era que a mi me funcionaban mejor las GRNN, porque en el trabajo las comparaba, y era lo que estaba estudiando en aquellos momentos. No obstante deciros que yo tampoco estoy en posesión de la verdad, los algoritmos neuronales sufren mucho de sobreajuste y con el tiempo aprendí, gracias a una crítica muy constructiva de un revisor a un trabajo posterior, como evitarlo. Desde entonces compruebo todos mis modelos con un procedimiento de remuestreo denominado jackknife [5].

En otra ocasión se me planteó, en una revista  Q1,  que la clasificación de variedades de té a partir del espectro UV-Vis aplicando métodos de reconocimiento de patrones, que vino a costar a mi universidad unos cien euros en reactivos y electricidad, no era interesante porque eso ya lo podía hacer un panel de expertos catadores. Imagino que el revisor se refería a hacerlo en un país de salarios muy bajos. En este caso dejé caer queriendo la publicación en una revista de menos indice de impacto pero gran solera [6], donde se le dio importancia al uso de los espectros UV-Vis y la transformación matemática de los mismos para generar posteriormente modelos de clasificación. Es uno de los trabajos de los que me siento más orgulloso. Después, un autor más listo que yo hizo la extracción de las hojas de té en agua (yo usaba metanol-agua) y publicó algo parecido en la revista que inicialmente rechazó nuestro trabajo. Pero bueno, la verdad absoluta del revisor fue refutada no una, sino dos veces. En muchas ocasiones nos empeñamos en intentar publicar en revistas de alto índice de impacto, cuando por la temática es mejor buscar más abajo en revistas más adecuadas para lo que uno quiere contar. Eso me ha pasado al menos en dos ocasiones más. Reconozcamos que nuestras verdades tampoco son absolutas. Pero te enfadas al ver trabajos similares y posteriores en las mismas revistas que un día te dijeron que no.

A veces, gracias a la obstinación de algún coautor, si hemos vencido. Hace poco enviamos un trabajo a la revista Talanta (Q1), influenciado por un compañero que vio potencial en el trabajo, que versaba sobre procedimientos gráficos (con límites de confianza) de comprobación de la linealidad en la calibración. Resultado, una revisión dura pero salvable y otra demoledora, que me hizo sentir cual hereje. Trabajo no novedoso e inútil, porque ya hay métodos mejores en uso. Yo, que por motivos personales me he retirado temporalmente de mi actividad académica, dejé en manos de mi compañero el trabajo, porque estoy cansado de verdades absolutas y de luchar contra los elementos.  Pero mi compañero escribió al editor de Talanta y le hizo ver las diferencias entre ambas revisiones, demostrando que realmente hay distintas opiniones y que hay que dejar crecer la ciencia. El editor, que es una persona muy correcta, admitió un segundo intento. Parece ser que envió el trabajo a los mismos revisores porque uno de ellos seguía siendo demoledor y el otro estaba algo más convencido tras los cambios. Un tercer revisor desempató y conseguimos publicar el trabajo [7]. Posiblemente este método no sea una solución definitiva, pero es sencillo de usar y entender y tiene en cuenta la aptitud del método analítico para la finalidad del mismo (fitness-for-purpose). Este procedimiento lo explicaré en el blog en otra ocasión.

Imagen del trabajo aceptado en Talanta

Nadie, por muy bueno que sea en su campo, está en posesión de la verdad absoluta. En Quimiometría no hay modelos exentos de error y tal vez por eso me cuesta poco reconocer la relatividad de la verdad. En cuanto a la novedad e importancia de un tema, hay campos de trabajo muy importantes para la sociedad, pero no por ello se debe despreciar otros. Es muy común que la ciencia se mueva en busca de lo novedoso, pero no es acertado dejar parada la investigación básica y los campos más "humildes", porque a veces pueden sorprendernos.

Con esta entrada solo pretendo que, si alguna vez les toca a ustedes revisar una publicación, piensen en el esfuerzo realizado por los autores, consideren puntos de vista distintos a los suyos y hagan críticas constructivas independientemente de si van a aceptarla o no. Tengo desde hace tiempo como máxima que... nunca debes hacer a nadie lo que no te gustaría que te hiciesen a ti. 

Referencias

[1] A. Conan Doyle, La aventura de la diadema de berilos. Sherlock Holmes. Relatos 1, PENGUIN CLÁSICOS,  Barcelona, 2016, p. 296. ISBN: 978-84-9105-010-1. (Traducción: Esther Tusquets).
[2] A. Conan Doyle, The adventure of the Beryl Coronet, The Strand Magazine, January-June, 1892, pp.511-525.
[3] Michael Hanlon, Diez preguntas: Guía para la perplejidad científica, Ediciones Paidos Ibérica, Barcelona, 2008, p.11. ISBN:978-84-493-2166-5. (Traducción: Isabel Febrian, Cristina García).
[4] J. M. Jurado, J. A. Ocaña, Fluorometric Determination of Mixtures of Quinolones by Means of Partial Least Squares and Neural Networks, Analytical Sciences, 2007, 23, 337- 341.
[5] S. G. Ceballos, J. M. Jurado, R. Muñiz, A. Alcázar, F. Pablos, M. J. Martín, Geographical Authentication of Tequila According to its Mineral Content by Means of Support Vector Machines, Food Analytical Methods, 2012, 5260-5265.
[6] A. Palacios, A. Alcázar, F. de Pablos, J. M. Jurado, Differentiation of tea varieties using UV–Vis spectra and pattern recognition techniques, Spectrochimica Acta Part A: Molecular and Biomolecular Spectroscopy, 2013, 103, 79-83.
[7] J. M. Jurado, A. Alcázar, R. Muñiz, S. G. Ceballos, F. Raposo,  Some practical considerations for linearity assessment of calibration curves as function of concentration levels according to the fitness-for-purpose approach, Talanta, 2017, 172, 221-229



jueves, 18 de mayo de 2017

Lo que hace mi Facultad... una tabla periódica de verdad

Hoy entono el mea culpa  por no haber mencionado nunca con anterioridad la existencia de una tabla periódica con elementos de verdad, en su estado de oxidación 0, que se encuentra en la Facultad de Química de la Universidad de Sevilla. Bueno, realmente hay 83 de los elementos (creo haber contado), pues los radiactivos o extremadamente inestables no están presentes. Para los ausentes se incluyen fotografías. También hay anotaciones sobre sus descubridores, además de la información básica esperable en cualquier tabla periódica.

Imagen de la Tabla Periódica de los Elementos de la Facultad de Química de la Universidad de Sevilla. Fuente: Intranet  de descargas de la facultad
La colección de elementos de esta tabla se reunió por iniciativa de Luis Javier Sánchez Fernández, Investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) adscrito por convenio al Departamento de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla, en cuyo pasillo principal se encuentra esta joya. Entre los donantes hay una lista amplia de profesores de la facultad y algunas empresas. Como la fotografía no tiene buena resolución, os recomiendo que visitéis la página web del Catedrático Agustín Galindo del Pozo, adscrito al mismo departamento. En ella podréis ver fotografías ampliadas de los elementos, en los casos en los que ha sido posible. Por ejemplo, para que no creáis que hay engaño, oxígeno y xenón se ven líquidos tras enfriarlos con nitrógeno líquido. Pero sin duda lo que realmente merece a pena es ir a verla de verdad.

Como curiosidad, ¿Sabéis el descubrimiento de qué elementos se atribuyen a españoles [1, 2]?

El platino se descubrió en 1735 por el matemático Antonio de Ulloa y del Torre Guiral en Perú. Pero fue purificado en 1750 por el físico William Brownrigg.

El vanadio se atribuye al sueco Nils-Gabriel Sefstrom en 1830, quien halló su oxido. Realmente fue un descubrimiento del mineralogista y químico español  Andrés Manuel del Río y Fernández en 1801, llamando al elemento eritronio. Del Río pensó que se había equivocado en su análisis del mineral, suponiendo que lo que contenía era cromo, pero en 1831 Friedrich Wöhler confirmó que en realidad era vanadio. El metal fue aislado por primera vez por el inglés Henry Enfield Roscoe en 1869.

El wolframio fue aislado por primera vez por los hermanos riojanos Fausto y Juan José Elhuyar en 1872 a partir de sales de hierro y manganeso de un ácido, ácido que consiguieron reducir con carburo hasta obtener el elemento. Lo llamaron wolframio en honor al mineral del que lo habían obtenido, la wolframita. Fueron los primeros en publicar el descubrimiento y análisis del elemento. Pero por poco podría haber sido descubierto por el sueco Carl Wilhelm Scheele, que predijo la existencia del elemento en un mineral de calcio, denominada por él mismo Scheelita, que era wolframato de calcio. El  mineral se conocía anteriormente con el nombre de tungstita, de ahí que el elemento se denomine también tungsteno. La IUPAC mantuvo el símbolo W pero el nombre que usa es tungsteno. Yo lo seguiré llamando wolframio, o como se escribiría en el español de aquella época, volframio .


[1] Soledad Esteban, La Historia del Sistema Periódico, Editorial UNED, 2010
[2] Norman E. Holden, History of the Origin of the Chemical Elements and Their Discoverers, Document BNL-NCS-68350-01/10-REV prepared for the 41st IUPAC General assembly, 2001

sábado, 13 de mayo de 2017

Resultados negativos en investigación

"No llores porque el sol se ha ocultado, tus lágrimas te impedirán observar las estrellas"

Hoy propongo pensar sobre esta traducción del sexto verso del libro Los Pájaros Perdidos de Rabindranath Tagore (1861-1941). Tagore fue un poeta y pensador nacido en Calcuta, educado en Inglaterra y laureado con el Premio Nobel de Literatura en 1913. Esta cita es muy conocida en distintas versiones y seguramente alguno de vosotros la haya utilizado en alguna ocasión, porque está grabada en el ADN cultural de muchas generaciones. En mi caso conocí a Tagore por mor de una compañera del taller de teatro al que acudía antes de saber que me dedicaría a la química. Un día, paseando por una feria de Libro Antiguo y de Ocasión de las que me gustan tanto, vi un librito barato [1] (creo que no llegó a 200 pesetas, 1.20 euros de ahora), del cual he tomado prestada esta traducción. Para los que prefieran la cita en inglés [2]: "If you shed tears when you miss the sun, you also miss the stars". Yo quizá hubiese traducido como "Si lloras cuando te pierdes el sol, también te pierdes las estrellas". ¿Pero quien soy yo para traducir poesía? Para eso están personas excepcionales como Zenobia Camprubí Aymar (1887-1956), que tradujo la obra de Tagore mientras su esposo, el poeta andaluz Juan Ramón Jiménez (1881-1958), Premio Nobel de Literatura en 1956, revisaba el sentido poético de los textos. Tengo pendiente buscar la traducción de Zenobia para este verso.


Portada del libro El Jardinero / Los Pájaros Perdidos. Edicomunicación S.A. Diseño de cubierta: Quality Design

Sin más dilación voy a exponer el motivo de recordar este verso en relación al título escogido para la entrada que propongo. Para ello, hablaré primero de un Trabajo Fin de Grado (TFG) en Química Analítica que supervisé en el laboratorio. Después hablaré brevemente, por no tratarse de mi campo de trabajo, de un Trabajo de Fin de Grado de Química Orgánica y un Trabajo Fin de Máster (TFM) de Química Inorgánica en los que fui miembro del tribunal de evaluación.

El primer caso es el de un alumno que decidió proponer y validar un método para la determinación directa de Ca, Fe, Mg y Mn en vinos finos. Buscaba un método verde, minimizando el uso de reactivos, comparando la determinación directa de muestras diluidas con agua con un método de referencia basado en la digestión previa de las muestras con una mezcla de ácido nítrico y peróxido de hidrógeno, midiendo en ambos casos mediante espectroscopia de absorción atómica de llama. Realizó un estudio previo de efecto matriz sobre una muestra seleccionada para decidir que tipo de calibrado debía utilizar. Aplicó el método a una serie de muestras y comparó los resultados entre el método propuesto y el de referencia. Para ello se representan los resultados obtenidos mediante el método propuesto frente a los del método referencia. Debe obtenerse una linea recta de pendiente 1 (ausencia de errores proporcionales) y ordenada en el origen 0 (ausencia de errores constantes). No parecía haber errores proporcionales, es decir diferencias entre los métodos debido al cambio en la concentración en la muestra. Pero había mucha dispersión en los datos en el caso del Mn y Ca y los resultados eran significativamente mayores para el método propuesto (ordenada significativamente distinta de 0) en el caso de Ca y Mg. El alumno no veía el sol después de meses de trabajo. Pero cuando le mencioné casos en los que se debe comparar el efecto matriz en muestras con matrices ligeramente diferentes y concentraciones distintas y la corrección del blanco de Youden, y estudió sobre ello, fue capaz de ver las estrellas. Ya había cumplido sus horas de trabajo experimental y defendió sus resultados negativos alegando que la dispersión se podía deber a diferencias en la naturaleza de las distintas muestras analizadas, que influían en la atomización en la llama, y que los errores constantes podían estar relacionados con la señal esperada para el blanco de Youden. Presentó datos de validación del método clásico y concluyó que debía realizar más estudios sobre la determinación directa. Obtuvo una calificación de sobresaliente.

Gráfico de comparación de métodos en el caso del Ca

Los otros dos casos los resumiré más. Un alumno de TFG trabajaba en métodos para sintetizar norbornenos, estructuras bicíclicas rígidas, mediante reacción de Diels-Alder. El alumno explicó muy bien los mecanismos de reacción y describió sus experimentos, pero parecía triste porque sus rendimientos no llegaban al 60% (creo recordar) en el mejor de los casos. También recuerdo una alumna de TFM que sintetizaba unos catalizadores a base de compuestos organometálicos de cobre y zinc para la oxidación de alcoholes en medios iónicos. Tampoco obtuvo los resultados deseados para el rendimiento de la reacción que pretendía catalizar, después de meses de trabajo. En ambos casos algunos miembros de sendos tribunales nos ensalzamos en hacerles ver la importancia de sus resultados "negativos" y calificamos los trabajos con una nota de sobresaliente.


Actualmente en el ámbito científico la publicación es un objetivo en sí, y en pro de la búsqueda de estabilidad laboral, reconocimiento en el área o la consecución de fondos, entre otros motivos, puede provocar en el científico cierta presión por obtener resultados positivos. Pero soy de la opinión de que los resultados negativos en ciencia tienen muchísimo valor y merecen ser divulgados. El problema está en que nosotros mismos nos empeñamos en publicar solo los resultados positivos y las revistas científicas se han acostumbrado a eso, o viceversa. Los revisores de los artículos tienden a rechazar trabajos que no cumplen las expectativas de partida con mayor frecuencia que aquellos que presentan "buenos resultados". Actuando como revisor en algunas revistas he intentado siempre hacer críticas constructivas a trabajos donde se observaban resultados no muy alentadores, animando a los autores a buscar una explicación a esos presuntos malos resultados. La publicación de nuestros resultados negativos puede influir en que otros investigadores no pierdan su tiempo y recursos intentando caminos ineficaces o sean capaces de ver los errores y dar un giro a la investigación. Estas mismas ideas aparecen en una publicación titulada Negative results are disappearing from most disciplines and countries [3], publicado en la revista Scientometrics en el año 2012. En este trabajo se recalca la pérdida de información valiosa y el sesgo que adquiere la ciencia cuando sólo se publican resultados positivos. Las revistas se acostumbran a recibir y nos acostumbran a enviar solo resultados positivos. Los investigadores se sienten tentados a sobre-interpretar sus conclusiones para que parezcan más importantes de lo que en realidad son o realizar solo investigaciones de poco riesgo que darán lugar a tímidos avances científicos. Y la ciencia solo avanza cuando se asume el riesgo de equivocarse. Y la publicación de resultados negativos, si la fundamentación y explicación de los mismos está bien planteada, son vitales para el desarrollo científico. Esta es precisamente la filosofía de revistas como The All Results Journals, de la que ya hablé con anterioridad, cuyo principal objetivo es la recuperación y publicación de dichos resultados negativos. Aunque navegando por la página web de la misma, no son muchos los autores que se atreven a ello. El motivo, a mi entender, está principalmente relacionado con la fiebre por publicar en revistas con alto índice de impacto, requisito necesario para medrar en el ámbito científico-laboral, propiciado por nuestras instituciones y por nosotros mismos. El que esté libre de pecado...


[1] Rabindranath Tagore. Verso 6, en Los Pájaros Perdidos. El Jardinero-Los Pájaros Perdidos. COLECCIÓN FONTANA Edicomunicación S.A., Barcelona, 1994. ISBN:84-7672-620-1 (Traducción: Jorge Rottner).

[2] Rabindranath Tagore, Stray Birds, Collected Poems and Plays of Rabindranath Tagore, MACMILLAN AND CO., London, 1950.

[3] D. Fanelli, Negative results are disappearing from most disciplines and countries. Scientometrics, 2012, 90, 891-904.


lunes, 8 de mayo de 2017

Honestidad científica

"Aún no dispongo de datos. Es un error capital teorizar antes de tener datos. Sin darse cuenta, uno empieza a manipular los hechos para que se ajusten a las teorías, en lugar de ajustar las teorías a los hechos."


Quien habla de esta forma es Sherlock Holmes, personaje literario de Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930), detective tenaz, analítico, defensor y practicante del método deductivo. Este fragmento lo extraigo de la historia Escándalo en Bohemia, que he encontrado en el libro de relatos cuya referencia os dejo al final de esta entrada [1]. Siempre insisto a mis alumnos en que el modelo (matemático) debe ajustarse a los datos y nunca los datos deben ajustarse a un modelo propuesto. Básicamente podría usar esta cita literaria entrecomillada y creo que no es un mal comienzo para establecer las bases de la formación científica.



Motivo de la portada del libro Sherlock Holmes. Relatos 1, PENGUIN CLÁSICOS.
Diseño: Penguin Random House Grupo Editorial /Yolanda Artola, Ilustración: Álvaro Domínguez

Pero el motivo de seleccionar precisamente estas palabras ha sido que en estas últimas semanas han surgido varias noticias en prensa relacionadas con artículos científicos retractados, es decir, que han sido retirados de la revista en que se publicaron. En el último caso que he leído, parece que los autores presentan una teoría que afirma que las larvas de perca prefieren el consumo de microplásticos presentes en el mar que de su propio alimento natural. No sé si será cierto, pero estas afirmaciones deben estar sustentadas por datos experimentales y eso es precisamente lo que los autores alegan haber perdido, los datos primarios. Para ser justos, creeremos en la presunción de inocencia y espero que les den la oportunidad de demostrar su teoría. 

También he de decir que la pérdida de datos primarios una vez obtenido el resultado objeto de nuestro deseo (la publicación) puede ser más habitual de lo que pensamos. Dejadez propia o de terceras personas, fallos de hardware, traslados de información con mermas, necesidad de espacio físico o virtual, se ha traspapelado, en qué disco duro o CD puse yo eso, como diablos se llamaba el archivo... Seguro que os suena alguna.

Si uno escribe en un buscador de Google Académico scientific fraud o fraude científico se dará cuenta de la enorme preocupación de la comunidad científica con este tema. Cualquiera de los artículos que encontréis en estos dos enlaces os darán un análisis pormenorizado de los motivos y consecuencias de estas prácticas. Entre las prácticas que parecen más habituales se encuentran la presentación de trabajos sin existir los datos experimentales o con datos sospechosos, uso del nombre de co-autores consagrados en la firma de artículos para subir el caché ante los editores, autorevisión de artículos propios sugiriendo a las revistas nombres de revisores falsos (amigos o el propio autor), plagio o utilización de datos de terceras personas, etcétera... Cierto que las revistas, gracias a la revisión por pares, tratan de poner coto a estos problemas. Pero pensad en el volumen de trabajos que se envían en todo el mundo, la cantidad de decisiones que debe tomar un editor y el trabajo que debe realizar el revisor, suponiendo la buena fe de los autores. Existen plataformas que velan por las buenas prácticas en la publicación científica, como Retraction Watch, que trata de detectar e informar sobre artículos retractados y los motivos para ello. Otras como PubPeer se basan en la denuncia de investigadores que detectan presuntos fraudes o errores en publicaciones científicas. Quizá esta última me gusta menos, porque admite comentarios anónimos. Se pueden poner los medios que uno quiera, pero la clave está en los autores. 

En líneas muy generales, tengo mi teoría al respecto sobre motivaciones y consecuencias de este tipo de prácticas, pero ojo, no tengo todos  los datos. Las motivaciones son principalmente la presión por publicar, la necesidad de promoción, consecución de fondos, mantenimiento del estatus científico y la presión política y mediática sobre los investigadores para obtener "buenos resultados", entre otras que seguro dejé en el tintero.  Las consecuencias son evidentes: pérdida de credibilidad de cara a la sociedad y daño irreparable al desarrollo científico por falta de esa confianza.   

El tema de los buenos resultados es algo muy recurrente. Todos queremos disponer de buenos resultados para que vean que bien trabajamos. A veces, saber cual es el error de una teoría tiene más valor que demostrar que la teoría es cierta mediante la obtención de datos "buenos". Y hay que estar preparado para obtener datos experimentales que no sirven para nada, salvo para descartar caminos y premisas, que no es poco. No es tan grave que un experimento falle, el problema es que en la vorágine actual lo etiquetamos como inútil porque no te lo van a publicar. Pero, como diría Michael Ende, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.


[1] A. Conan Doyle, Escándalo en Bohemia. Sherlock Holmes. Relatos 1, PENGUIN CLÁSICOS, p.9, Barcelona, 2016. ISBN: 978-84-9105-010-1. (Traducción: Esther Tusquets).